jueves, 17 de septiembre de 2009

Conversación con Cristián Silva, autor de la exposición SUITE QUINTA VERGARA, en Centex CNCA, Valparaíso



1. Esta muestra la constituyen un grupo de dibujos que corresponden a los procesos de transformación del escenario de la Quinta Vergara en los años de dictadura militar en Chile. Según tu planteamiento, ¿cómo ves la relación entre el espectáculo (este en particular) y la relación con la represión política que se vivía en aquellos años?


Esa relación que se establece entre el Festival de Viña y los años del régimen militar es exactamente lo que me interesa de este proyecto, la sustancia que intento se escurra suavemente, como se derrama en silencio el jugo tóxico de una pila revenida. Es decir, los escenarios son un pretexto más bien neutral, frío, superficial tal vez, para referirse a "eso otro", en forma diferida o indirecta: el dolor, la persecución, el confinamiento, el sufrimiento, el absurdo de esa época, traducidos a esta especie de sismograma psico-social que constituye para mi este conjunto de dibujos. Es obvio que como espectáculo el Festival de Viña ha sido utilizado por los gobiernos de turno -especialmente por la dictadura de Pinochet- para distraer a la gente respecto de todo tipo de conflictos, generando un clima temporal de distensión o, en el "mejor" de los casos, de diversión. Creo que no fue casual que, por ejemplo, en 1978, cuando se iniciaron las transmisiones en colores y hacia el extranjero, el ganador de la competencia internacional haya sido un chileno con cara de ángel, vestido completamente de blanco y cantándole dulcemente al amor (en los tiempos quizá más brutales y oscuros de la represión). Por otro lado, me interesaba desde luego el mero ejercicio formal de ver cómo se veía esta secuencia, y qué analogías -subjetivas- se podían insinuar entre el escenario de un año y los acontecimientos sociales y emocionales que ocurrían en forma paralela en la coyuntura del país.


2. En la hoja de sala de tu exposición aparece una frase en la que me gustaría profundizar. Se lee como un manifiesto de tu trabajo, y dice así: "En su obra ha intentado explorar el lado íntimo y afectivo de la lucha de clases". ¿Podrías explayarte sobre esa problemática en tu trabajo?


Podría decirse que durante las últimas cuatro décadas, la gran mayoría del arte en Chile -no sólo la plástica, también el cine y la literatura- ha girado fundamentalmente en torno a problemáticas sociales. Mi generación no está ajena a esa tónica: es posible ver en el trabajo de Voluspa Jarpa, Mario Navarro, Cristóbal Lehyt, Bernardo Oyarzún, Claudio Correa, Demian Schopf, y muchos otros, una inequívoca y permanente voluntad de análisis y compromiso con la realidad. Y aunque comparto esas visiones, también me resulta imprescindible incorporar en mi trabajo asuntos que no son exclusivamente históricos o analíticos. A propósito de esta exposición en el CNCA, me estaba acordando que en el año 2000 presenté un trabajo que es una maqueta del Estadio Nacional de Santiago, fabricada sin ningún ingrediente extra que subrayáse ningún aspecto; es decir, todos tenemos un registro de lo que ha ocurrido en ese recinto, desde grandes glorias deportivas hasta horribles episodios de abuso y violencia, y para mi era importante que esas múltiples lecturas estuviesen presentes, pero que ojalá ninguna prevaleciera sobre la otra. Lo mismo con un video que presenté hace unos años, "Proteínas, Minerales, Vitaminas", que es una recopilación de diecisiete comerciales televisivos de Milo, desde 1979 hasta 1990; uno detrás de otro, vamos viendo como diferentes niños y niñas van "creciendo" en cámara, practicando diferentes deportes en diferentes escenarios, generando un ambiente nebuloso en el que ya no sabemos si lo que vemos es cómico, trágico, tierno, siniestro, triste, alegre, o todo eso mezclado... Al igual que con "Suite Quinta Vergara", la idea fue disponer una secuencia de elementos reconocibles, familiares, y ojalá "activar" en el espectador una nueva manera de relacionarse con todo eso; entonces, a pesar de su aspecto impersonal y distante, este es un trabajo que tiene que ver con los sentimientos. En ese sentido, siento que en nuestro medio local hay toda un área que generalmente tiende a quedar fuera de las propuestas artísticas más de vanguardia, y es justamente lo que tiene que ver con lo "sentimental". Sin embargo, artistas extraordinarios como Gonzalo Díaz o Eduardo Vilches, a pesar de su íntegra conciencia política, han logrado -sin caer en cursilerías- compartir a través de su obra precisamente eso: sus mundos interiores, sus intimidades, sus afectos, sus miedos, y creo que esos son los modelos de trabajo con los que me siento más identificado.


3. Una cosa que llama la atención de tu trabajo es la manera en que trabajas la baja y la alta cultura, en ese sentido, ¿Cómo ves la relación entre baja y alta cultura, es la misma en los 90 que ya cerca al año 2010?


Entiendo que si siempre fue complicado hablar de alta y baja cultura, esa dificultad se ha vuelto mayor conforme pasa el tiempo. Los conductos de comunicación entre alta y baja cultura son tantos y tan fluidos, que ya es casi imposible distinguir dónde empieza una zona y termina la otra. Lo mismo sucede con los límites entre "oficial" y "alternativo" (especialmente en lo que se refiere a música popular). Sin embargo, creo que lo que sí se ha mantenido -y de alguna manera, intensificado- es la implacable pugna entre los que tienen más y los que tienen menos, y la forma que yo tengo de trabajar eso es simplemente desde mi experiencia personal, intentando compartir lo que a mí me afecta a un nivel cotidiano, pero tratando de no limitarlo por medio de juicios personales.



La exposición SUITE QUINTA VERGARA, puede ser visitada hasta el 4 de octubre en el Hall del Centro de Extensión del CNCA.

Plaza Sotomayor 233, Valparaíso.

www.centex.cl